Es probable que haya cosas que no dijimos. Pero, de alguna forma, ellas nos dijeron a nosotros. Y yo las veo, las siento. Y así te escucho.
9.11.2011
9.03.2011
La llegada y la muerte
Luc I´m so sad. Drupy, my dog,he´s dying. He´s too old and i think it´s fair for him to leave this time. About Aeroparque,yes it is close so great. I´ll pick you up there. If anything happened and i can´t go i´ll let you know.
Jenny
Drupi! Don't worry, i have an idea!U have to get real close to his ear and say: Drupi, Lucas viene a verte! And therefor he will hang on! =D
Spend some time with him, it will be good for both, I'm sure.
About the picking up, it will be my pleasure to have such a famous Argentinian picking me up!
Besos Jeniípááá!
Drupy has gone away today. It was sweet to read your message though. Im so sad. I stood next to him all the way but we had to let him go. It was time. I loved him so much and i was so scared of him to suffer. He has been the most amazing friend i ever had. It´s hard. We stood together all the way. I never felt such a pain but at the same time i feel it was so selfish to ask more from him. I believe death it´s just a transition, just a see you later and he´ll be feeling better now where he is.
I just told him two things. that from now on i was going to be his home, to remember him, to hold him somehow stick to this freaking life he enjoyed so much, and not to be afraid of death. We werent scared, we´re not, we will not.
He was 16 years old. A whole life devoted to us and a whole life devoted to him. He was grumpy but happy. Beautiful. And I will miss him forever.
I'm very sad to hear theses news Jennipá.. =/
But ur words couldn't be more truthful.. You did what a best friend would've done. And in a very beautiful way.
He will aways stick with you. All this happened to me too, and I'm sure u will always keep the best of him in you.
Get some rest, sleep well and don't deny your sadness. It exists and Drupy deserves this kind of feeling.
You are great, don't worry.
Besos, Lucas
7.30.2011
Todas las palabras buenas del mundo
A los psicólogos les está prohibido hablar de sus pacientes. Secreto profesional, le dicen, y miran para otro lado. Pero a los pacientes, a los que vamos y nos analizamos no nos está prohibido nada.
Conocí a Cecilia en un momento especial. No escribiría de ella, aunque pueda, si no fuese porque fue una especie de luz en mi vida. Me acuerdo de su consultorio, frío, con una biblioteca precisa que yo miraba cada vez que hablaba para descifrar qué había ahí adentro. De los pañuelos que tenía ahí para todos nos, los llorones constantes.
Siempre me miraba al espejo que había a mi lado. ¿Quién era esa que hablaba con Cecilia? Yo siento que cada vez que me iba- a veces más que otras- una nueva fuerza o una energía mental se transformaba hacia un mundo mío.
Cecilia hablaba de una forma bella. Yo puedo escucharla ahora. Habia algo en su voz,una cadencia. A veces escribía y me miraba con una intensidad que yo pensaba que podía conocerlo todo, aunque nada fuese dicho. Cuántas palabras he dicho y han dicho todos los que pasan a diario por el consultorio de Cecilia.
Yo no sé, pero hay gente que puede verdaderamente tocar las vidas ajenas. Por qué, no lo sé. Pero sea cual sea esa respuesta, merece todas las palabras buenas del mundo.
6.11.2011
Fotos robadas
Él se apoderó de mi imagen. En la antigüedad, muchas personas creían que la fotografía era una forma de robar el alma del retratado. Quizás por eso no conservamos registros del todo populares. Pero eso es sólo una teoría que se me ocurre ahora, después de haber sido fotografiada muchas veces, de muchos colores, con cuantos flashes y copias impresas.
Yo tengo un alma. Pero él se apoderó mi imagen desde el primer momento. No sólo desde una o muchas cámaras preciosas que cargaba a todos lados. Lo hizo desde un lugar muy profundo, que ahora veo a la distancia.
Cuando me sacaba una foto, yo no hacía más que crearme una sensación de espontaneidad que en verdad no existía. Algo de mi cara le interesaba y usaba diversos lentes y cosas que no entenderé. Después, mostraba esas imágenes a todos. Era un amante de las fotos. También yo lo soy e hice lo mío con su imagen.
Sin embargo, siempre tengo esa manía humilde de no sacar demasiadas fotos. Uno se arrepiente. De cada diez fotos mías, hay una de él. Y cómo lo lamenta una después que vuelve a la tierra inicial y está lejos de él y de su ser retratable.
Nunca pude ver sus fotos. Él se apoderó de mi imagen. Y lo creo desde lo más profundo y antiguo de mi ser. Desde entonces, no fui la misma que salió en las fotos de otros. Hay 500 fotos que me tienen encerrada, que no vi, en donde no me rescaté. Donde no me di la mano y me dije: volvé, nena.
Estoy ahí. Esperándome en las fotos robadas.
6.07.2011
El vestido naranja
La secuencia de la noche en que mi vestido naranja comenzó a ser mío fue así: llovía en Nothing Hill y casi era de noche, pero no podíamos irnos sin investigar un poco el barrio. Mercados, antigüedades en la calle, y muchos negocios simpáticos. Cuando lo vi, supe que ese vestido era mío. Gasté 17 libras y me lo probé encima de toda la ropa que tenía con minuciosidad.
París, noche de febrero helada. Fiesta en un barco a orillas del Sena. Mi vestido naranja moviéndose al ritmo de canciones electrónicas. Mi vestido naranja bailando con el chico La Vie en Rose cantada a cappella al llegar a la fiesta. Mi vestido naranja, aún naranja, volviendo en el subte al Barrio Latino a las 5 de la mañana.
La suerte. ¿Qué es la suerte? Lo que une a mis historias con el vestido naranja y lo hace depositario de pensamientos mágicos y rarísimos. Cuando la gente lo ve, enseguida lo distingue. Todos tenemos esa prenda única que nos fortalece en algún costado de nuestro ser.
Buenos Aires, un cumpleaños. No conozco a nadie y me siento sola en un patio. Alguien demasiado misterioso habla conmigo toda la noche. Le llama la atención el vestido, le cuento todo. Me dice que parezco un personaje de animé y se rie conmigo. Se enrosca conmigo.
Buenos Aires, una noche. Cenamos con una amiga. Estoy triste. Estoy sola y a veces me duele. Pero esa noche, después de miles de vueltas, vuelvo a ver al chico. Vuelve a mi vida. Es, al fin y al cabo, después de París, Brasil, Buenos Aires, el chico que yo quiero. Cuando me saco el sweater, está mi vestido naranja. Después de todos los viajes y todos los tiempos, ahí enfrente tuyo. Con toda la suerte y las ganas de estar frente tuyo. El vestido naranja. El vestido de mi vida.
5.28.2011
Roque
Hay días en que no recordamos su nombre: entonces preguntamos cómo era el nombre de aquel chico que se nos apareció la noche en que cumplías 23 años. Tardamos en precisarlo, decimos no sé, no me acuerdo y un par de cosas más.
Pero hoy es distinto. Hoy pensé: Roque. Un chico mágico de esos que no se conocen todas las noches. Roque apareció en una fiesta de esas que se celebran en un departamento minúsculo de un actor desconocido con diferentes celebridades nunca descubiertas y gente de ese mundo que no era el nuestro.
Había demasiado humo, sillones en el suelo, botellas que no tenían nada y chicas vestidas de manera súper informal y cómoda. Nosotras, las nuevas, las desconocidas, atinamos a sentarnos en un costado y observar. En seguida llegó Roque. El simple Roque.
También estaba solo y no sé cómo empezamos a tomar del mismo vaso y contarnos nuestras presunciones más íntimas. Nosotras lo escuchábamos y nos reíamos a la par. Fue bello como lo son las cosas que acontecen con los artistas. Roque tocaba el piano y estudiaba en un Conservatorio de la ciudad.
En un momento, después de bailar mínimamente con Roque y toda la multitud, el sonido cesó. Algo se había roto, había terminado. Definimos irnos y en ese caminar nos daba pena dejar a Roque por allí, solo, a esas horas. Lo alojamos en nuestro taxi y todos fuimos hacia cualquier lugar.
Si les hablo de Roque es porque fue ese tipo de personajes que uno se queda con las ganas de conocer más, de escuchar tocar el piano, de tomar un té con. Entonces si alguien lo conoce o algo, le dice a Roque que tiene una amistad disponible, acá, detrás de las letras y las noches.
5.08.2011
No surprises
No surprises, Radiohead, dijo. Y yo, que no tenía ni idea de música, busqué la canción. Me gustó y entonces andaba por toda la ciudad andando al son. Era como si entonces tuviésemos una unión nueva, valedera. Yo le había dicho Drexler y a él le había gustado también. O era que nos gustaba pensar en que nos gustaban las mismas cosas, al final.
No surprises, Radiohead. Había pasado tiempo pero no intensidad. Le pedí a mi amiga que incorporara la canción a nuestra lista de música Buenos Aires-Frankfurt-Londres. Ella decía que era deprimente. Yo no.
No surprises, Radiohead. Es Bath, la hermosa Bath soleada y fría. Nos recorremos la ciudad juntas. Pero, en un momento, escucho unos acordes. Son ellos: tres amigos cantantes callejeros que entonan la canción con una pandereta y un piano pequeño. La grabo, el video es magnífico. Él nunca lo vió.
No surprises, Radiohead. Vamos en busca de aventuras y playa y mar. Es Recife. Él maneja su auto y yo musicalizo. Sentimos que es el viaje perfecto: el verde nos envuelve, las montañas, las curvas, el sol. Nosotros. Me da su lista de música como quien da lo más preciado: veo entre muchas otras cosas desconocidas, No Surprises, Radiohead. Entonces la canción me obliga y la pongo. Cantamos. Sonrío: él mira la ruta y yo pienso. La canción. Sin sorpresas.
5.07.2011
Buenos Aires, Octubre 2010
Las cosas estaban mal. O raras. Las cosas estaban peligrosas para gente cercana, en el aire había mucha preocupación. Vi a tío en la puerta de un hospital, estacionamos, saludé a todos –las cosas estaban mal- y me fui.
Tenía un sweater gigante azul y unas calzas negras. Tengo la entera sensación que quien se viste así es un turista o alguien que trabaja mucho. Pero en este caso, ni uno, ni lo otro.
Había tanto sol. El día era perfecto pero el aire se sentía raro. Las cosas que nunca habían pasado, pasaban y una no sabe bien qué hacer ante eso. Recorrí la ciudad hasta Aeroparque. El taxista me preguntó si me estaba yendo a Bariloche y entonces sentí que mi forma de vestir encajaba con mis propias percepciones sobre la cuestión.
Entonces llegué. Con calor, con miedo, con nervios terribles y violentos. Yo creo que temblaba porque estaba en una encrucijada: recibir a la persona que más había esperado en un aeropuerto mientras mi mente flotaba sobre ese hospital. Y entonces lo vi.
Buenos Aires, Octubre 2010: él llega por primera vez a la ciudad que es mi casa y nos reencontramos después de más de un año. Él tiene una sonrisa enorme y pienso que yo, detrás de todo ese sweater y clima raro, después de todo eso, también. Nos abrazamos. Después de París, Edimburgo, Cambridge, somos nosotros. Sólo somos nosotros y Buenos Aires.
A veces siento que podría contar mi vida en ciudades. Y que, entonces, es eso lo que me hace seguir yéndome, y seguir conociendo este mundo. Eso es lo que me impulsa. Mi vida son las ciudades y la gente con la que las hago. Y él. Porque las ciudades existen porque alguien las hace y las recuerda y las cuenta. Y yo hago mi propio mundo así y me siento viva, constructora, enorme. Y él, yo sé que él también hace lo mismo. Porque alguna vez lo hicimos juntos y fue hermoso.
5.05.2011
Olinda
Él no recordaba mi nombre. Por eso me habló. Y no dijo nada más. Pero no había silencio, el ambiente estaba lleno de gritos y tambores y música feliz –o que recuerdo tan feliz- en la ciudad de Olinda.
Si alguna vez una niña como yo tendría que recrear la perfecta historia de una chica que conoce un chico y viceversa, de seguro elegiría Olinda. Olinda es un lugar especial: las calles adoquinadas cubren una ciudad llena de recovecos, historias y pasados. Las calles bajan y suben a cada momento. Si digo que es una montaña rusa quizás no me equivoque tanto.
Y ahí estaba él. Que no recordaba mi nombre. Con sus anteojos negros bellos y unas bermudas cancheras. André. Yo sí sabía su nombre porque André me hace pensar en André Bretton y bla bla tendiendo a algo positivo.
André agarró mi mano como sólo saben hacer los brasileros. La agarro sin decir nada y quizás también ahí debería haberme dado cuenta de algo. La mano. La noche. Olinda. El dragón.
Cuando uno reconstruye memorias es probable que todo sea mejor de lo que fue, más artístico, misterioso y extraño. Todos mis condimentos estaban ahí. André y yo festejando el Carnaval esa noche de calor en Olinda, la hermosa, bailando abajo de un dragón chino que nada tenía que ver con nada junto a mucha gente feliz.
Me acuerdo de eso. La tela roja encima de nosotros, bailando encerrados en un dragón chino. Los gritos de la gente. Yo dejándome fluir, yo fluyendo. Y André ahí, encontrando el mismo camino que el mío, una noche calurosa de blocos en Olinda. De la mano de la alegría, de la mano esa que no te suelta nunca y se llama recuerdo.
4.09.2011
Otras muchas otras cosas
La primera noche en Recife pasó algo extraño. Debería haberlo interpretado como cuando siempre me pasan cosas raras y eso significa.
Ibamos en el auto con Cynthia, Renato y Nath para el centro antiguo de Recife. Y lo vi: un parque oscuro, un parque deportivo al costado de la playa al cual yo había accedido en mis sueños. Yo conocía ese parque. Sabía cómo era.
Y no lo podía creer. Aunque eso anunciara otras muchas otras cosas.
Reflexiones últimas
Escribir es una tarea que me debo a mí misma.
Hoy me despedí de nuevo de Nathalia. Me acuerdo de esa tarde en que también nos despedíamos. Habíamos comido panqueques de manera glotona. Yo me iba a Europa y ella volvía a Brasil. Hoy, yo volvía en colectivo y ella y Rita al hostel. Nos abrazamos en la esquina, ya no había sol. Quiero recordarlo siempre.
Y volviendo a Buenos Aires no puedo volver a enamorarme de esta ciudad de nuevo. Esta ciudad ya no late mis latidos. ¿Todos estamos donde no estamos?
Cuando estábamos muy cansadas durante el Carnaval decíamos: tenemos 23 años solamente y la vida es una sola. Todo se nos pasaba. Ahora digo lo mismo, pero nada me pasa.
Creo que Brasil ya es el amor da minha vida.
2.16.2011
Un segundo
A veces puedo oler Gran Bretaña. A veces uno puede oler el pasado: las tostadas del desayuno, el olor del frío, un college, una biblioteca. No sucede a menudo: las fragancias de entonces son bien lejanas y uno vive en su cotidianeidad mezquinando sensaciones de este tipo. ¿Cómo llega un aroma especifico a una nariz que respira Sur? Hay cosas bien inexplicables en este mundo. Pero mientras tanto, pareciera que eso que nos llega podría también traer aparejado otras cosas, más partes de ese mismo momento en que las tostadas estaban quemándose, el frío golpeaba la puerta o la biblioteca nos era abierta por pura exclusividad de estar acompañadas por un irlandés que estudiaba en Cambridge.
A veces uno espera que haya una continuidad entre el olfato o los olores y la mismísima situación. Es sólo un segundo inconsciente en donde sentimos que sí, que lo demás tiene que llegar inevitablemente. Cuando recobramos la conciencia o el presente sabemos que eso no ocurre. Que nada vuelve, o al menos nada va a venir con urgencia después de ese olor que nos recuerda a tal o cual situación. Así nos aparece la vida misma pasando, otra vida, la misma, la de ahora que huele - por un segundo- a entonces.

