A veces puedo oler Gran Bretaña. A veces uno puede oler el pasado: las tostadas del desayuno, el olor del frío, un college, una biblioteca. No sucede a menudo: las fragancias de entonces son bien lejanas y uno vive en su cotidianeidad mezquinando sensaciones de este tipo. ¿Cómo llega un aroma especifico a una nariz que respira Sur? Hay cosas bien inexplicables en este mundo. Pero mientras tanto, pareciera que eso que nos llega podría también traer aparejado otras cosas, más partes de ese mismo momento en que las tostadas estaban quemándose, el frío golpeaba la puerta o la biblioteca nos era abierta por pura exclusividad de estar acompañadas por un irlandés que estudiaba en Cambridge.
A veces uno espera que haya una continuidad entre el olfato o los olores y la mismísima situación. Es sólo un segundo inconsciente en donde sentimos que sí, que lo demás tiene que llegar inevitablemente. Cuando recobramos la conciencia o el presente sabemos que eso no ocurre. Que nada vuelve, o al menos nada va a venir con urgencia después de ese olor que nos recuerda a tal o cual situación. Así nos aparece la vida misma pasando, otra vida, la misma, la de ahora que huele - por un segundo- a entonces.

