Cosas que nunca pensé en escribir pero las escribo y soy cursi a rabiar
Tengo ganas de escribir sobre él. Y sobre mí y la forma en que me interpreta y me lee. Sobre todo lo misteriosa que me cree y lo extraordinario de las cosas que nos pasan juntos. Sobre cómo nunca callamos y a él le gustan mis variaciones temáticas y a mí me gusta oírlo pensar. Sobre nuestra capacidad de escucha activa y risa fácil. Sobre cómo nace un mundo cada vez. Sobre sus ojos, sobre lo pequeños en que se convierten al amanecer. Sobre nuestros nombres extraños y la forma en que me conquista cada vez todas las veces, sobre cómo despliega un mundo de palabras y todo lo demás duerme alrededor. Sobre cómo lo adoro secretamente y pienso, cada vez que lo miro, en que mi cara delata cada parte de lo que él dice que callo. Entonces ya no es secreto y comienza a pulular una sensación, un momento de morir de amor descarado.
Quiero escribir entonces sobre lo que me nace. Sobre sus teorías, sobre cómo me sorprende que él sea él, cómo piensa, cómo lo admiro y lo descubro. Como cuando bailamos y noto que él me mira y hacemos pasos alocados y charlamos a la gente de cualquier cosa. O cómo homenajeamos a Leonard Cohen en librería Losada o caminamos tantas cuadras solo porque a mí me gusta o quiero comer un helado. Sobre como me hace probar comidas y logra cosas que nadie pudo. Sobre cómo me espera cuando subo al colectivo y veo que lo que él ve y sea memorable. Yo parto ensonrisada.
Quizás también quiera escribir sobre cómo conversamos y él me potencia. Como me aconseja, como lo entiendo y lo entiendo cada vez más y a veces mejor y sea como un hermoso desafío. Tirar de la cuerda de sus memorias y sus olvidos. Poder dejarle mis palabras. Y como un chico que se hizo el ciego una noche para bailar conmigo, vio en realidad algo que yo ahora veo en él. Algo que es todo esto, algo que cambia y nace a cada momento.




