S.A.F, gracias.
11.14.2007
Gone and back
I could write with your hands. They stare at me and I know how they would drop the line in the movement of times. Not capable of saying certain words your hands will try to scream into the space. I will try to hear. Yet, no matter how I will know it: their way was the sentence I wrote yesterday in the thin book of silence.
11.12.2007
Vida
Usted tragaba su aliento de días azules. Por su garganta que alguien miraba atento, se atropellaban las vocales de versos extraños. Su lenguaje era una forma que partía los ojos de cualquiera. Al ejercer el suspiro, sus labios se unían fraternalmente. (Hermano, hermano) Esto no sucedía a menudo. Usted lo sabe bien: sus supiros eran cuestiones de años pero cuando venían, sí venían. Entonces todo transcurría ligeramente, nada sospechoso que lo hiciera brincar o gritar algún allelujah. Quien miraba atento descubrió su pose porque ya todo había cambiado. La garganta permanecía quieta como un silencio oscuro. Usted no tragaba y el tiempa pasaba de reloj a reloj. Un hueso quizás proveniente del adentro, un animalito incrustado con todas sus fuerzas de insecto en los orificios más vitales, un cerrar de ojos que no acababa. Usted lo sabe bien: la vida es un instante profundo.
11.03.2007
Té para dos
para Mariana A.
Nos juntamos a desayunar y las charlas entre nosotras caminan como en una peregrinación. Nunca sabemos qué hay al final de las palabras intercambiadas pero lo hacemos con la fe de los que creen.
Yo la escucho enormemente. Ella me dice cosas que muy pocas veces saca a pasear. Se alivia. Quizás, se alivia. Por lo pronto, siempre pido lo mismo. Un sandwich y que Mariana no calle. Su voz se difumina en torno a un aire que no ha de moverse con frecuencia. Entiendo que cada uno de sus rulos posee historias infinitas y que si ella alguna vez los soltara - o si lo hiciera con más frecuencia- pronto se percataría de ello.
Mariana tiene un don. Como diría Capote, también tiene un látigo. Su don consiste en saber hablar y escuchar como si el silencio le habitara cordialmente. Lo que eso trae aparejado, es decir, su látigo, es todo lo que esos diálogos,dejando de lado al silencio con un cachetazo, le generan. Las letras comienzan a diluirse antes de poder ser entendidas. Sucede lo mismo con el azúcar que agregamos al té. Nace una maraña ante sus ojos, se cuela y Mariana termina sus frases como un "no sé". La azúcar sólo deja el gusto.
Pero ante eso, nosotras aun creemos en ello. Ningún Dios es tan visible.
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