6.10.2012
El niño belga
Encontrarse con un niño belga en un panorama desconocido, ante el verde belga del campo, ante el sudor porque una llega con lo justo a un tren, llega con el peso de su enorme valija y el peso también de tantos días corriendo y perdiéndose por ahí.
El niño belga me mira y sonrie y sé, en ese momento minúsculo, que nunca podría olvidarlo. Que sin importancia real en mi vida, con su sola carita y los anteojos algo rotos, el niño belga crecería en mi recuerdo hasta llegar hasta las palabras. El niño habla un francés de lo más entendible junto a su papá, que está a mi lado y también me mira simpático y hace un gesto o dice -ya no recuerdo- algo sobre mi belleza.
El niño belga tiene apenas 6 o 7 años pero ya sabe lo que el padre dice y se sonroja y entonces ya me mira con vergüenza. Los cachetes colorados, la mirada que va y viene sobre el vidrio sucio de una ventana, ante el verde belga del campo.
Como por casualidad, unos días después lo vuelvo a ver. Esta vez, esta parado con su papá en el andén esperando otro tren. Me pregunto dónde van, qué hacen, qué llevan en la bolsa y qué hablan en ese momento. Los miro detrás de mi ventana, en otro tren que está pronto a partir y que vuelve hacia un lado donde ese niño belga no está, pero de alguna forma estará siempre.
5.20.2012
Debes amar
Sólo el amor / alumbra lo que perdura, / sólo el amor / convierte en milagro el barro.
Debes amar, / el tiempo de los intentos, / debes amar, / la hora que nunca brilla / y si no / no pretendas tocar lo cierto. / Sólo el amor / engendra la maravilla, / sólo el amor / consigue encender lo muerto.
2.28.2012
La felicidad ahora
A veces pienso que estoy muy loca. Irme de viaje sola a Europa es una de las cosas que más me sorprenden de mí misma. En dos semanas voy a volver al continente rico, a ese donde me pasaron las cosas más lindas, poéticas, extrañas e inesperadas (sobre todo eso) de los últimos 5 años.
Trato de pensar qué sentía antes de viajar esa vez, pero no me acuerdo mucho más que la alegría compartida por saber que algo tan grande e inicial nos esperaba. Esta vez decidí ir sola. Algunos piensan que es un viaje especial, ir sola requiere de coraje y valentía, dicen. No sé, yo no espero nada. Sólo quiero ver, y eso para mí no es poco.
Así que después de 16 horas en un avión voy a volver a una tierra desconocida, o no. A ser viajera de mí misma y de este mundo. Eso es la felicidad ahora.
Quiero volver a escribir
No se sabe bien cómo suceden estas cosas. Quizás es la lluvia enorme y prodigiosa que invade esta noche. Es curioso, nunca oí una lluvia tan espectacular. Entonces lo tomo como una señal, como un dale nena es el momento ahora ya. Y quizás ya no me acuerdé cómo escribir, publicar o decir, pero lo intento. O lo voy a intentar.
A veces leo blogs y vuelvo al mío y digo: ¿Por qué? Paso casi un año en que escribo en otros blogs sobre otras cosas que no tienen mucho que ver con una, tienen que ver con lo que a una le gusta pero no lo que me pasa o soy. Y tengo saudades de esa parte esencial, básicamente de escribir. Con la que una es. Entonces, dale. En esta noche de lluvia intensa y viento que vuela todo lo que hubo, quiero volver a escribir.
1.21.2012
La clase
Daniel Durand

