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10.27.2009

Durham

Una ciudad nunca nombrada, nunca dicha de ninguna forma, nunca leída, nunca escuchada. Una ciudad que aparece de la nada, como suelen aparecer las ciudades, esas de las que nadie conoce pero se erigen en un momento y se rellenan con nuestra vida y recuerdo.

Una ciudad pequeña, al norte, donde bajamos a pasear por unas horas. Horas que ahora cobran dimensiones de letras y palabras y sonidos y silencios que hubieron de estar así, sin un lugar donde llegar y sin una posibilidad de irse. Durham.

Pequeña, antigua y algo rústica a la vez, con puentes que atraviesan ríos y barro en las orillas. Primero fue la Catedral. Nos perdimos, como siempre nos perdimos. Los dos solos otra vez, observándolo todo.

Durham. Luego fue la búsqueda infaltable de pérdida. Bajar por los pasillos que daban la espalda a la Catedral. Él tomó mi bolso por alguna razón que ya no recuerdo. Bajamos al río, cruzamos el puente y nos antes de llegar al final nos detuvimos. Fue en el medio: miramos el agua y la luz era de esas que una ya no quiere olvidarse. Una luz de invierno y sol y hojas y aves.

Cruzamos y llegamos a las orillas. Y ahí sucedió: quise abrazarlo con todos mis abrazos posibles, con todas las fuerzas y los sentidos. Lucas saludó a una viejita dulce que caminaba por allí, la saludó con una espontaneidad y calidez que yo desconocía un poco de él pero que me inundaba como el río y las gaviotas.

Caminamos en silencio, mirando el juego de las aves. Un juego que tratamos de descifrar y que consistía en que ellas esperaban a los remolinos del río, los esperaban con decisión hasta el último momento. En ese pequeño abismo, cuando ya estaban por caer, en el vértigo del peligro, volaban y se volvían a colocar en el río, de manera que una y otra y otra vez estaban en la situación y parecía que les gustaba.

Nos reímos: nunca vimos aves latinoamericanas que hagan eso. Yo sé que las palomas argentinas aman hacerse cercanas a la gente, casi atropellarlas y las gaviotas brasileras también tendrán lo suyo, pero nunca un juego como el que presenciamos.

Después oímos la música y él, con un destino inevitable de amante de, no logró contenerse. Saqué la cámara y grabé un video. A veces lo veo y detecto y me emociona su cara de felicidad, sus ojos de felicidad, la música alegre, el sol cayendo y la voz inquieta  del hombre. La gente paseaba –era un domingo a la tarde en la ciudad inglesa- y compraba cosas en el mercado. Nosotros, perdidos, encontrados y encontrando una ciudad sin nombre que se iluminaba así de a poco y nos daba su voz, sus sonidos y colores,  a nosotros, tan viajeros de nosotros mismos.

10.12.2009

Corazón idiota

de Ana Frenkel, Carlos Casella y Dani Cuparo en la Sala Neura del Paseo La Plaza // www.corazonidiotaunmusical.blogspot.com

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Dicen que existe una diferencia entre las actrices (y actores), una diferencia que radica en si trabajaron en televisión o vienen del teatro. Si vienen del off es mejor, es más sacrificado y da un poco más de mérito. La televisión y la actuación parecen no llevarse bien desde esta concepción.

Pero tanto Carla Peterson como Griselda Siciliani tienen ese pasado de teatro: off, clásico, otros y luego el salto a la televisión,a la masividad,a lo tanto en tantos sentidos.

Corazón idiota, un musical trata de ubicarlas nuevamente dentro de este rol teatral que ambas supieron caminar –y bien- en el pasado. Pero algo falla: no es la energía, no es la música y sí quizás sea la historia. Sin una conducción masculina, Loli y  Clara- las protagonistas- andan de aquí para allá en situaciones muy previsibles, lugares comunes femeninos. Entre canción y canción nada suena tan afinado como sus voces y la historia se convierte en no-historia.

Apelando a lo cómico, al guiño femenino,muchos hombres se quedan perplejos, casi al borde del aburrimiento. Y diré que, aunque muchas mujeres también ríen en complicidad, no causa mucha gracia verse reflejada de manera tan obvio. El público es mayoritariamente joven y concurren o bien con su pareja o con amigas.

Más allá de los géneros, que sí vienen al caso esta vez, Corazón idiota no logra inspirar. Siciliani brilla en ocasiones: es una actriz muy formada y se nota. Peterson, por su parte, a veces parece cansada, aunque se desempeña bien en general.

La banda de los chicos funciona como comodín y funciona bien. Sospecho que mucha de la platea femenina aprecia más sus intervenciones que las de las actrices. Pero es sólo una sospecha. Como la que queda después de finalizar, cuando Mateo y yo nos miramos con cara de pregunta y decimos ¿y entonces?

 

10.03.2009

Siempre tendremos París


Il y a toujours quelque chose
d´absent qui me tourmente

Carta de Camille Claudel a Auguste Rodin, París, 1886


¿Por qué olvidar París? ¿Por qué recordar París? Todas las películas del mundo en París y una que viene a encarnarse allá, con un amor relámpago, amor intenso, amor de todos los tipos que hablaba Oliveira y una no puede volver a hablar. Porque se fue. París es y fue todo lo que yo añoraba y no sabía dimensionarlo bien. París de la mano del amor y esa mano es fuerte, tira cuando una recuerda. ¿Por qué olvidar París? ¿Por qué recordar París? No quiero perderlo: la risa bailando en el Sena, el abrazo esperado e inesperado la primera noche en Fontaine Saint-Michel, la fiesta en el barco en frente de la Tour Eiffel. Había visto de mil formas esa torre y nunca habría de imaginarme bailando en el River Kings, muerta de frío porque helaba en la noche y poco habíamos llevado de abrigo y de ropa para la ocasión.
Alguien dijo el otro día algo que me quedó grabado: la Verdad atraviesa las ciudades. Y no sé bien por qué lo traigo a colación. Quise sacarme a París de la boca, decirlo, decirlo y no decirlo más. Que sea como un secreto nuestro, el mejor secreto de nuestras vidas. Pero no puedo. La Verdad atraviesa las ciudades y yo sonreía como una pánfila cuando sacabas fotos mías o intentabas hablar español.
Sucede esto: hace 8 meses que tuve París, y probablemente siempre lo tenga.

Planes que una hace cuando tiene que estudiar

Empezar a ahorrar para vivir en NY con Magdalena. Ahorrar también para viajar con Belén. Ir más al grano. Ir al teatro: hay miles de cosas ahí esperándonos. Ir al MALBA de una buena vez por todas. Salir con M. Leer un buen libro o mejor, elegir varios para tener en espera y después leerlos. Esperar que el pelo me crezca y no volver a cortármelo yo misma. El vestido de mi graduación. Empezar gimnasia de manera de bajar todos los kilos que una gana sentada, estudiando. Estudiar. Dejar de estudiar también. Hacer proyectos con Lu. Visitar a los niños pequeños y jugar mucho con ellos. Ir a la biblioteca de Congreso para inspeccionar a los personajes que pude empezar a ver, pero que -por estudiar- no pude seguir con detenimiento. Proyecto Berkeley. Mural con todas las postcards que andan dando vueltas y fotos. Río, eu gosto de você. Escribirle a amigos internacionales. Escribirles detalladamente. Hipnotizar a mi perro. Aprender a maquillarme. Leer de nuevo a Cortázar. Editar videos del viaje. De los viajes. Hundirme en el sillón mirando películas. Practicar FLASH. Hacer cosas simples: hacer pan, mirar las hojas, escribir poquito, pero dejar de estudiar por favor. Porfavor.