La inquietud era algo más que un arma de juguete, era un empujón que la vida le daba casi siempre los viernes.
Ella amaba los viernes porque su mente a esa altura de la calle Paraguay era un tragamonedas ganador, y la invadía esa sensación de mirar todo nuevamente, de mirar todo bien adentro. La iniquietaba el extravío de todas las personas al caminar ya por Callao, le encantaba la venida del sol y la sombra, tan pronunciados ellos.
Olía el olor de mezcla de la ciudad con árboles de pocos aromas. El que se forma en una espera, y en un hombre que no llega a tiempo y corre. El de la mujer que acaba de hablarle a la vida, y el perfume también del nervioso.
Compraba los libros que ya se han leído antes de abrir en la primera hoja, los libros de aromas tentadores e imágenes que se ven más allá de la vista. Que merecen ser descontados, y escarbados, y probablemente reconstruidos.
Al cruzar, pensaba en algunos viernes pasados donde esperaba una llamada del cuatrocuatroseis y algo más que ya, dice, no recuerda. Se alegra de saber discriminar sus olvidos y lo que queda en un bolsillo que parecía vacío.
Ahora, espera el colectivo. Ahora,espera otras cosas.
7.26.2006
7.25.2006
4 de agosto
¿Mikaela nacerá el mismo día que yo?
¿Yo naceré el mismo dia que ella?
ella cuenta desde cero
yo, desde 19
ventajas y desventajas de usar números decimales
cuando lo que va a adentro nada tiene que ver con matemáticas simples
estoy vieja pero contenta.
7.24.2006
Jardines verdes pepino
Hace unos días mi madre pronosticó que la condición primera para que alguien me guste sería que lea a Julio. Este comentario me pareció demasiado predecible, y además acotado. Pero no dije nada importante luego, solo que la condición sería más que nada que lea. Eso de predecir gente o acciones de hombres-futuros-para-hija , igual, no me gusta pero parece que a mi madre sí, y a mi amiga, que estaba presente, también.
Al salir del Museo no teníamos muchas opciones que predecir. Había en frente uno de esos parques verdes que parecen intocables o de un cuadro que recién habíamos visto. Me gustó Rodin, pero más el verde del pasto del parque de, lo que L. dijo, se llamaba "la isla". Así que cruzamos el mar de Avenida del Libertador y encayamos en una de las playas verdes de "la isla".
Mis amigas pronto me dejaron mirando el cielo sola para buscar alivio para su hambre de las 5 de la tarde.
Y ahí apareció, caminando de no sé bien donde -porque estaba pensando en por qué P. dijo que no era viento lo que empujaba a las nubes,en fin- apareció.
Se parecía mucho a J. (no Julio sino J. de unos meses atras) pero difería en su pelo con rulos grandes de color negro o marrón. El chico se sentó cerca mío, en realidad, se acostó.
Yo seguí mirando un poco sus pantalones que eran realmente bonitos -a cuadrillé blancos y negros, y grises por ahí también-...hasta que volví a las nubes, al cielo, al teléfono que sonaba, a mis amigas gritando Jota. Ya les dije que no me llamaran así, aunque en ese momento no dije nada.
Me preguntaron algo así como quien era, yo les dije no sé, fui más extensa pero no tiene sentido serlo ahora. L me convidó comida, es decir, galletitas con chocolate y a C. le informé de la llamada.
Quería ver que estaba haciendo el chico que se parecía a alguien que dijo me quería. Estaba leyendo. Pensé en mamá. En sus predicciones, o bien llamale, condiciones mías...o algo así.
¿Qué lee? le dije a L, porque ella al contrario que yo sin anteojos, lee bien. ¿Qué lee? No sabía. No, sí, lee a Julio. ¡Lee a Julio!
El chico ya no fue el que se parecía a J sino el que leía a Julio. Julio II, decía el título. L dijo que era una versión pequeña que su padre también tenía, que era barata. Pero yo no la conocía, ni barata ni no barata. Era una edición que nunca había visto.
Después vino un perro parecido al mío pero en color negro y se acercó a él. Al chico. Y yo me enternecí como una boluda y dije: Oh, se parece a Drupy, es un amor. Y así, sucesivamente. El chico se reía. Porque estaba cerca, estaba a 5 pasos.
Según L él no leía mucho porque nos oía hablar y se reía, y también teníamos que hablarle nosotras. Pero no quise. Y nos fuimos porque hacía frío y empezaba la muestra de Botero.
Nos encontramos,antes de cruzar, con los papás de N, que son adorables personas y saluda el padre con dos besos. Nos decían de la Biblioteca, la actividades son muy buenas y además gratuitas, cuando apareció caminando El chico.
Con su libro, sus pantalones, su aire a J., el codo de C en mi estómago, mi codo en el de L. Mirá!
L sostuvo que nos siguió, C también, pero yo siguiendo los pasos y enseñanzas de alguien no confié en eso.
Dije que se iba a la casa, porque seguramente vivía cerca, y mi madre no había acertado pero casi. Como unas vueltas muy cercanas pero que no se tocan, los trazos amplificados de Botero, y esas palabras de la muestra, en donde me quedé pensando en él, en el chico de "la isla", de la edición barata y el extraño destino del cruzar a la playa verde y todo lo que siguió.
Al salir del Museo no teníamos muchas opciones que predecir. Había en frente uno de esos parques verdes que parecen intocables o de un cuadro que recién habíamos visto. Me gustó Rodin, pero más el verde del pasto del parque de, lo que L. dijo, se llamaba "la isla". Así que cruzamos el mar de Avenida del Libertador y encayamos en una de las playas verdes de "la isla".
Mis amigas pronto me dejaron mirando el cielo sola para buscar alivio para su hambre de las 5 de la tarde.
Y ahí apareció, caminando de no sé bien donde -porque estaba pensando en por qué P. dijo que no era viento lo que empujaba a las nubes,en fin- apareció.
Se parecía mucho a J. (no Julio sino J. de unos meses atras) pero difería en su pelo con rulos grandes de color negro o marrón. El chico se sentó cerca mío, en realidad, se acostó.
Yo seguí mirando un poco sus pantalones que eran realmente bonitos -a cuadrillé blancos y negros, y grises por ahí también-...hasta que volví a las nubes, al cielo, al teléfono que sonaba, a mis amigas gritando Jota. Ya les dije que no me llamaran así, aunque en ese momento no dije nada.
Me preguntaron algo así como quien era, yo les dije no sé, fui más extensa pero no tiene sentido serlo ahora. L me convidó comida, es decir, galletitas con chocolate y a C. le informé de la llamada.
Quería ver que estaba haciendo el chico que se parecía a alguien que dijo me quería. Estaba leyendo. Pensé en mamá. En sus predicciones, o bien llamale, condiciones mías...o algo así.
¿Qué lee? le dije a L, porque ella al contrario que yo sin anteojos, lee bien. ¿Qué lee? No sabía. No, sí, lee a Julio. ¡Lee a Julio!
El chico ya no fue el que se parecía a J sino el que leía a Julio. Julio II, decía el título. L dijo que era una versión pequeña que su padre también tenía, que era barata. Pero yo no la conocía, ni barata ni no barata. Era una edición que nunca había visto.
Después vino un perro parecido al mío pero en color negro y se acercó a él. Al chico. Y yo me enternecí como una boluda y dije: Oh, se parece a Drupy, es un amor. Y así, sucesivamente. El chico se reía. Porque estaba cerca, estaba a 5 pasos.
Según L él no leía mucho porque nos oía hablar y se reía, y también teníamos que hablarle nosotras. Pero no quise. Y nos fuimos porque hacía frío y empezaba la muestra de Botero.
Nos encontramos,antes de cruzar, con los papás de N, que son adorables personas y saluda el padre con dos besos. Nos decían de la Biblioteca, la actividades son muy buenas y además gratuitas, cuando apareció caminando El chico.
Con su libro, sus pantalones, su aire a J., el codo de C en mi estómago, mi codo en el de L. Mirá!
L sostuvo que nos siguió, C también, pero yo siguiendo los pasos y enseñanzas de alguien no confié en eso.
Dije que se iba a la casa, porque seguramente vivía cerca, y mi madre no había acertado pero casi. Como unas vueltas muy cercanas pero que no se tocan, los trazos amplificados de Botero, y esas palabras de la muestra, en donde me quedé pensando en él, en el chico de "la isla", de la edición barata y el extraño destino del cruzar a la playa verde y todo lo que siguió.
7.23.2006
7.11.2006
entonces...
Me gusta hoy porque estoy naranja y el cielo esta blanco o quizás gris, pero con un rayo de sol y San Telmo, parece blanco. Aunque no lo sea, ya lo se. Pero combinamos: al menos yo con el lugar. Me arreglo con Defensa, me resuelvo en Chile, me despierto en Carlos Calvo. Soy naranja por eleccion: bien podria haber sido verde, o manzana. Una fruta o un color: suelen ser lo mismo, pensá en el Tutti Frutti.
Pensaba que hace un tiempo que no enseño a alguien mi balcòn, aquel que se enfrenta a la casa pampeana. Llevo a mis amigos a la tarde a ver que es lo primero que dicen. Todo eso de las primera impresiones sì contará.
Al pasar por Defensa todo se estremece y me dan ganas de gritar. Hay vistas que no se deben hacer, hay miradas que no deben trascender. Pero a veces me olvido completamente de todas mis normas mentales y cuando veo esa plaza (y me diran ¿es una plaza? si lo es) todo cambia. No devuelvo mis recuerdos, claro, pero estoy naranja y es aqui donde el cielo esta blanco y combinamos y hay unas ventanas abiertas en el balcón.
Pensaba que hace un tiempo que no enseño a alguien mi balcòn, aquel que se enfrenta a la casa pampeana. Llevo a mis amigos a la tarde a ver que es lo primero que dicen. Todo eso de las primera impresiones sì contará.
Al pasar por Defensa todo se estremece y me dan ganas de gritar. Hay vistas que no se deben hacer, hay miradas que no deben trascender. Pero a veces me olvido completamente de todas mis normas mentales y cuando veo esa plaza (y me diran ¿es una plaza? si lo es) todo cambia. No devuelvo mis recuerdos, claro, pero estoy naranja y es aqui donde el cielo esta blanco y combinamos y hay unas ventanas abiertas en el balcón.
7.10.2006
sobre filosofía y un sweater verde
¿Un lector en acto es un escritor en potencia?
Yo creo que sí. Desde el punto de vista primero, todo lector crea su propio mundo gracias a aquel que ha alzado, en algún momento de su existencia, un escritor. Pero este, al dejar huellas por un camino virgen (o quizás no tanto) lleva a la persona que avista sus letras por un lugar que le es, e alguna manera, propio.
Todo lector, aún implicitamente y sin una pluma ni una hoja, ha de escribir. Me refiero a una sensación que estoy segura que no sólo yo he de "padecer". Digo esto entre comillas porque es una tortura sagrada a la que me envío yo misma. Aún en los escritos "felices" hay algún sufrimiento. No es que lo busque nadie, ahí está.
Creo ,también, en la combinación lector/autor. Una vida paralela, similar aunque no igual,es la que lleva el primero con respecto al segundo. Es positivo que haya de los unos y los otros: aún más si en uno comparte lugar ambos sucesos.
Es difícil combinar y no enredarse,pero aún más elogios podría merecer un niño que aprende a leer al mismo que a escribir. En este proceso, nada es perfecto y nada se da como ciencia infusa. Eso lo sabemos bastantes.
¿Se han dado cuenta cómo las historias que comienzan desde la nada misma luego, por alguna impresición que no conocemos, se mezclan entre nosotros y cobran vida? Digo esto en comparación estrecha y necesaria con la vida de nosotros, humanos demasiado humanos. Nuestra existencia se compone de una vida, un nacimiento, hasta la última instancia de la muerte. Esto, muy al contrario de las épocas/momentos de las ideas, historias y pensamientos, va en su contra.
Una historia muere para nacer. Una existencia humana nace para morir.
Yo creo que sí. Desde el punto de vista primero, todo lector crea su propio mundo gracias a aquel que ha alzado, en algún momento de su existencia, un escritor. Pero este, al dejar huellas por un camino virgen (o quizás no tanto) lleva a la persona que avista sus letras por un lugar que le es, e alguna manera, propio.
Todo lector, aún implicitamente y sin una pluma ni una hoja, ha de escribir. Me refiero a una sensación que estoy segura que no sólo yo he de "padecer". Digo esto entre comillas porque es una tortura sagrada a la que me envío yo misma. Aún en los escritos "felices" hay algún sufrimiento. No es que lo busque nadie, ahí está.
Creo ,también, en la combinación lector/autor. Una vida paralela, similar aunque no igual,es la que lleva el primero con respecto al segundo. Es positivo que haya de los unos y los otros: aún más si en uno comparte lugar ambos sucesos.
Es difícil combinar y no enredarse,pero aún más elogios podría merecer un niño que aprende a leer al mismo que a escribir. En este proceso, nada es perfecto y nada se da como ciencia infusa. Eso lo sabemos bastantes.
¿Se han dado cuenta cómo las historias que comienzan desde la nada misma luego, por alguna impresición que no conocemos, se mezclan entre nosotros y cobran vida? Digo esto en comparación estrecha y necesaria con la vida de nosotros, humanos demasiado humanos. Nuestra existencia se compone de una vida, un nacimiento, hasta la última instancia de la muerte. Esto, muy al contrario de las épocas/momentos de las ideas, historias y pensamientos, va en su contra.
Una historia muere para nacer. Una existencia humana nace para morir.
7.08.2006
es bastante simple
Creo que las cosas se construyen de la nada
si no sé qué decir
jamás sabré, tampoco, cómo hacerlo
si no sé qué decir
jamás sabré, tampoco, cómo hacerlo
7.06.2006
blah.
me di cuenta que nunca escribí un cuento.
no sé que es lo que escribo, en realidad. No es ensayo, ni poema, ni novela, ni cuento.
¿Será un híbrido?¿ Algo transgénico?
Es como si fuera algo hermafrodita.
no sé que es lo que escribo, en realidad. No es ensayo, ni poema, ni novela, ni cuento.
¿Será un híbrido?¿ Algo transgénico?
Es como si fuera algo hermafrodita.
7.05.2006
aunque no quise el regreso / siempre se vuelve al primer amor

En la esquina de Chile y Perú es donde da vueltas todo. Así lo sabían aquellos que han elegido esa intersección para caer al vacío. Cuando hablo de caer al vacío, es decir, modositamente a ver si me entendes, que se han suicidado. Un empleado de mi padre me contó que varios fueron los casos en aquellos departamentos: una mujer, un hombre, otra mujer, y no seguiré contando porque realmente no me acuerdo. Es que, los que resultaron ser accidentes, se produjeron por una tentiva de homicidio del constructor ¡las ventanas son tan grandes que bien uno pasa sin quererlo!
También, para ser menos trágicos, te diré que da vueltas el viento. No es que haya tanto,pero considerando la cercanía a las aguas porteñas del río, es probable que le afecten.
Da vueltas mi cabeza, para captar el sol que toca los adoquines negros y hace de aquel momento una tarde que narraré todas las veces que pueda. Los autos, los colectivos, las nubes, las risas también hacen lo propio. Y me olvidaba del tema de los cabellos largos que se revuelcan fascinantemente. Nada más lindo que un ser despeinado. Digamoslo, nada más lindo que un chico que se despeine....
Las veredas, de ser tan angostas pasan a mitigar los pasos acalorados -y no tanto- de los jóvenes transeuntes de San Telmo: los encaminan tanto que se convierten en autopistas de una sola mano. ¡Eso es ilegal! Entonces para pasar uno debe esperar, o cruzar con el riesgo de que un colectivo aparezca de golpe y blam ahy perdón! O sino, esbozar un permiso con el riesgo de que mi voz como tantas otras no se oigan entre tanto barullo.
Pero en esa esquina siempre todo será dado vuelta. Incluso mi nombre querido ( refinnej), mi edad (81), el tiempo, el sol, las veredas, los árboles. Las muertes también.
7.04.2006
as it began
Tú, llegada desde siempre, te irás por donde sea.
Me gusta cuando algún escritor parece haberse dedicado a mí al crear. Sé que no soy yo a quien iban esas letras,en realidad. Pero muy poco importa si puedo volverlas mías. También me ocurre pensar a quién le escribo y por qué no puedo hacerlo más. No, al menos, como yo querría. Pero eso es una incertidumbre que dudo alguna vez la sabré. Acaso haya un silencio, y nadie dará nombres. Entonces, ahí , en algun lado, estará el mío jotaedobleneiefeeerre. ¿Seré la verdadera receptora de lo que tengo para decir? No lo sé tampoco.
Como dijo Artaud, y siento aún que me lo dijo a mí, así como llegué a algo, así ese algo -deciles letras si queres- se me escaparán como burbujas explotadas: ni mis manos, ni mis ojos, ni palabras suplicantes podrán retenerlas. ¡Vuelvan! Y ya estarán vendiendose a un cualquiera, convirtiendose en cualquier cosa.
Ay,ay,ay.
Me gusta cuando algún escritor parece haberse dedicado a mí al crear. Sé que no soy yo a quien iban esas letras,en realidad. Pero muy poco importa si puedo volverlas mías. También me ocurre pensar a quién le escribo y por qué no puedo hacerlo más. No, al menos, como yo querría. Pero eso es una incertidumbre que dudo alguna vez la sabré. Acaso haya un silencio, y nadie dará nombres. Entonces, ahí , en algun lado, estará el mío jotaedobleneiefeeerre. ¿Seré la verdadera receptora de lo que tengo para decir? No lo sé tampoco.
Como dijo Artaud, y siento aún que me lo dijo a mí, así como llegué a algo, así ese algo -deciles letras si queres- se me escaparán como burbujas explotadas: ni mis manos, ni mis ojos, ni palabras suplicantes podrán retenerlas. ¡Vuelvan! Y ya estarán vendiendose a un cualquiera, convirtiendose en cualquier cosa.
Ay,ay,ay.
7.03.2006
Por muy terrible que haya sido lo que me ha hecho el mundo, más terrible ha sido lo que yo mismo me he hecho
Oscar Wilde en De Profundis
Aquella mañana me dolía demasiado la cabeza como para pensar en algo más, oir una clase o emitir palabra. La solución que me parecía más adecuada consistía en salir del edificio, mirar un poco las palomas que habitan justo encima de la Av. Córdoba, respirar el aire e ir á alguna librería. Así fue. Trataba de encontrar, como había pasado aquella noche de sueño y llegadas tarde, el lugar donde se almacenaban miles de historias amontonadas, tocadas por manos que no las conocen, dadas en gracia por unos pocos pesos a gente expectante y ávida de letras nunca vistas. Una librería en la calle Corrientes.
De profundis había sido recomendado unos días antes, en el tren, entre Julio y Dostoievski, con una exaltacion que me era necesario obedecer. Además, bien se sabe, que no puedo resistir aquellas aproximaciones que mucha gente suele hacer sobre arte, literatura, y esas cosas indecibles.
Aparecía sigiloso entre muchos: una tapa bellísima. Una cara pensativa, impávida, triste quizás por melancolia, quizás por su palidez me parecía triste. No lo sé. Pero obedeciendo, entonces, a mis necesidades -una de ellas,epistolar- lo compré.
Ese libro es muy doloroso, y ha sido como un ancla que me hunde. Wilde amaba a quien lo había llevado a la cárcel, le daba la ruina y la soledad. Pero Wilde, aún así, le escribía una de esas cartas que no se repiten jamás. Y sospecho, que de alguna forma atroz lo seguía queriendo.
No podía yo terminarlo: pasaban las hojas, entraba todo el dolor, se absorbía en cada letra. Era una cosa infinita, hasta hace unos días.
Muchas veces, creo que uno logra fundirse tanto,que todo le es transmitido. Quizás, todo es redescubierto, sí. Lo que cuenta,entonces, es sacar de abajo de la arena hasta que no quede nada. O al menos, para que vuelva a llenarse.
La cabeza ya no me dolía,claro...ahora pasaba todo por otro lado.
7.02.2006
Ah

Ausencia de los movimientos que permiten a una evocarse, siempre la una misma, en un texto.
La mano enclavada en una letra,
la teoría de saber la importancia que sugieren las palabras compuestas, ciertos nombres implícitos.
Me gusta el encuentro con aquel rostro que emanan ellas, y de las que un silencio corona como si no hubiese -o hubiera- ninguna otra que pudiera definirlas.
La palabra levita porque nadie la arraiga a un suelo, en este caso mis propias manos, ni decir mi mente saturada.
Entonces, aún sin remedios ni consejos, hay que dejarla volar...y ser del mundo.
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