Hace unos días mi madre pronosticó que la condición primera para que alguien me guste sería que lea a Julio. Este comentario me pareció demasiado predecible, y además acotado. Pero no dije nada importante luego, solo que la condición sería más que nada que lea. Eso de predecir gente o acciones de hombres-futuros-para-hija , igual, no me gusta pero parece que a mi madre sí, y a mi amiga, que estaba presente, también.
Al salir del Museo no teníamos muchas opciones que predecir. Había en frente uno de esos parques verdes que parecen intocables o de un cuadro que recién habíamos visto. Me gustó Rodin, pero más el verde del pasto del parque de, lo que L. dijo, se llamaba "la isla". Así que cruzamos el mar de Avenida del Libertador y encayamos en una de las playas verdes de "la isla".
Mis amigas pronto me dejaron mirando el cielo sola para buscar alivio para su hambre de las 5 de la tarde.
Y ahí apareció, caminando de no sé bien donde -porque estaba pensando en por qué P. dijo que no era viento lo que empujaba a las nubes,en fin- apareció.
Se parecía mucho a J. (no Julio sino J. de unos meses atras) pero difería en su pelo con rulos grandes de color negro o marrón. El chico se sentó cerca mío, en realidad, se acostó.
Yo seguí mirando un poco sus pantalones que eran realmente bonitos -a cuadrillé blancos y negros, y grises por ahí también-...hasta que volví a las nubes, al cielo, al teléfono que sonaba, a mis amigas gritando Jota. Ya les dije que no me llamaran así, aunque en ese momento no dije nada.
Me preguntaron algo así como quien era, yo les dije no sé, fui más extensa pero no tiene sentido serlo ahora. L me convidó comida, es decir, galletitas con chocolate y a C. le informé de la llamada.
Quería ver que estaba haciendo el chico que se parecía a alguien que dijo me quería. Estaba leyendo. Pensé en mamá. En sus predicciones, o bien llamale, condiciones mías...o algo así.
¿Qué lee? le dije a L, porque ella al contrario que yo sin anteojos, lee bien. ¿Qué lee? No sabía. No, sí, lee a Julio. ¡Lee a Julio!
El chico ya no fue el que se parecía a J sino el que leía a Julio. Julio II, decía el título. L dijo que era una versión pequeña que su padre también tenía, que era barata. Pero yo no la conocía, ni barata ni no barata. Era una edición que nunca había visto.
Después vino un perro parecido al mío pero en color negro y se acercó a él. Al chico. Y yo me enternecí como una boluda y dije: Oh, se parece a Drupy, es un amor. Y así, sucesivamente. El chico se reía. Porque estaba cerca, estaba a 5 pasos.
Según L él no leía mucho porque nos oía hablar y se reía, y también teníamos que hablarle nosotras. Pero no quise. Y nos fuimos porque hacía frío y empezaba la muestra de Botero.
Nos encontramos,antes de cruzar, con los papás de N, que son adorables personas y saluda el padre con dos besos. Nos decían de la Biblioteca, la actividades son muy buenas y además gratuitas, cuando apareció caminando El chico.
Con su libro, sus pantalones, su aire a J., el codo de C en mi estómago, mi codo en el de L. Mirá!
L sostuvo que nos siguió, C también, pero yo siguiendo los pasos y enseñanzas de alguien no confié en eso.
Dije que se iba a la casa, porque seguramente vivía cerca, y mi madre no había acertado pero casi. Como unas vueltas muy cercanas pero que no se tocan, los trazos amplificados de Botero, y esas palabras de la muestra, en donde me quedé pensando en él, en el chico de "la isla", de la edición barata y el extraño destino del cruzar a la playa verde y todo lo que siguió.
7.24.2006
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