
En la esquina de Chile y Perú es donde da vueltas todo. Así lo sabían aquellos que han elegido esa intersección para caer al vacío. Cuando hablo de caer al vacío, es decir, modositamente a ver si me entendes, que se han suicidado. Un empleado de mi padre me contó que varios fueron los casos en aquellos departamentos: una mujer, un hombre, otra mujer, y no seguiré contando porque realmente no me acuerdo. Es que, los que resultaron ser accidentes, se produjeron por una tentiva de homicidio del constructor ¡las ventanas son tan grandes que bien uno pasa sin quererlo!
También, para ser menos trágicos, te diré que da vueltas el viento. No es que haya tanto,pero considerando la cercanía a las aguas porteñas del río, es probable que le afecten.
Da vueltas mi cabeza, para captar el sol que toca los adoquines negros y hace de aquel momento una tarde que narraré todas las veces que pueda. Los autos, los colectivos, las nubes, las risas también hacen lo propio. Y me olvidaba del tema de los cabellos largos que se revuelcan fascinantemente. Nada más lindo que un ser despeinado. Digamoslo, nada más lindo que un chico que se despeine....
Las veredas, de ser tan angostas pasan a mitigar los pasos acalorados -y no tanto- de los jóvenes transeuntes de San Telmo: los encaminan tanto que se convierten en autopistas de una sola mano. ¡Eso es ilegal! Entonces para pasar uno debe esperar, o cruzar con el riesgo de que un colectivo aparezca de golpe y blam ahy perdón! O sino, esbozar un permiso con el riesgo de que mi voz como tantas otras no se oigan entre tanto barullo.
Pero en esa esquina siempre todo será dado vuelta. Incluso mi nombre querido ( refinnej), mi edad (81), el tiempo, el sol, las veredas, los árboles. Las muertes también.


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