
Ausencia de los movimientos que permiten a una evocarse, siempre la una misma, en un texto.
La mano enclavada en una letra,
la teoría de saber la importancia que sugieren las palabras compuestas, ciertos nombres implícitos.
Me gusta el encuentro con aquel rostro que emanan ellas, y de las que un silencio corona como si no hubiese -o hubiera- ninguna otra que pudiera definirlas.
La palabra levita porque nadie la arraiga a un suelo, en este caso mis propias manos, ni decir mi mente saturada.
Entonces, aún sin remedios ni consejos, hay que dejarla volar...y ser del mundo.


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