Fue una noche en Guarujá, después de haber llegado con una amiga, viajando en un ómnibus entre la lluvia y las montañas y abismos enormes de por ahí. Mi amiga dormía y yo trataba de capturar desde la ventana lo poco que podía verse, los pequeños pueblos, los niños caminando en medio del agua de lluvia imparable. Todo desde la burbuja del micro acondicionado, sin frío, sin idioma y sin pistas de cómo iba a ser Guarujá y la gente que nos esperaba allá.
Fue esa primera noche, después de dejar nuestros bolsitos mojados, cambiarnos un poco y haber dado una vuelta pequeña por el centro, mirando la oscuridad en donde caía en mar. Todo bastante misterioso y una con ganas de conocer, pero la lluvia.
Éramos 5 personas: no nos conocíamos bien, algunos hacía breves momentos, charlábamos de nuestros países en el departamento. Habían llevado películas pero el reproductor no quería andar y entonces se había encontrado más diálogo, la idea de cocinar fideos y, en todo caso, asistir a los programas de tv del momento. La televisión brasilera es muy graciosa, puro entretenimiento y estuvimos un rato refugiados en eso.
A todos nos unía un poco esa postura apocalíptica de crítica negativa sobre esta programación de la tele que se nos ofrecía, pero a la vez la mirábamos. Era un programa sobre personas que buscaban pareja, una cosa muy normal hoy en día, nada raro.
Al término empezó un corto. No sabíamos bien de qué se trataba pero ahí estábamos atrapados desde el misterio de no entender qué película era esa. Aunque habían propuesto salir a tomar algo, ahí estábamos todos en frente a un aparato, viendo algo desconocido, sin poder despegarnos.
Sentí un gusto especial por ese momento. La fascinación del cine nos atrapaba. Cuando terminó no entendíamos el argumento, ni siquiera supe el nombre. Pasaron a otro tema, otro programa. Pero todavía lo recuerdo: una mujer, una ruta y un hombre que se conocían y desconocían a medida que pasaba el viaje.
Después, cuando nos íbamos a dormir, la tormenta se desató con más presión. Presión en los vidrios que se movían como locos, el viento que armaba ruidos extraños, nosotros mismos que nos asustábamos sin razón. Se cortó la luz a los minutos, no sólo se cortó sino que hubo una explosión previa que nos hizo temer demasiado. Y luego, la oscuridad.
Todo fue extraño para mí, distinto. Pero ver. Ver así, desde otros lados, fue todo lo que abrió mis ojos entonces.
9.27.2009
9.17.2009
Gratitud de una hacia otro
No es así como quisiera hacerlo, con letras que acaban ahora mismo, cuando termines de leer bien y te saques los anteojos para no ver nada más y quizás pienses "qué cursi esta pequeña". Te diré que esa palabreja en realidad no es parte de mí y discutiremos un rato empleando nuestros mejores argumentos.
Yo no me defiendo del amor, solamente quiero desenterme de todo ese aparatejo que pones en aquí tan cerca y que no me pertenece. No se habla del amor: pienso un poco que esa es tu filosofía, que segrega a las palabras para darle lugar a los hechos que demuestran y hacen, como si hacer fuera lo único que pudieras lanzar hacia mí.
Gratitud: una vez creo haber comentado lo agradecida que me siento y si pudiera definir todo esto quizás todo sea más claro o más difuso. Me inclino por lo segundo y acudo a tus hechos hermosos, donde no hay palabras pero tampoco silencios.
Pero las palabras siempre me nacieron sin querer y aunque vos pienses que yo me callo, no lo hago y es increíble que puedas no entenderme cuando hablamos de lo mismo: esa sonrisa constante cuando nos miramos y en ocasiones entendemos eso.
No me basta hablarte desde las palabras pero el hecho es que aquí estamos y este es el lenguaje que me queda: desde la primera noche en que tomé tu mano sin conocer nada de vos, al poco tiempo de encontrarnos en San Telmo y empezar a reirnos. Yo estaba loca y de veras que no sé cómo suceden estas cosas, pero suceden. Viniendo desde un espacio desconocido, abriendonos la vida y demoliéndonos, así tan simple.
Entonces, esto. Entonces, gracias.
Yo no me defiendo del amor, solamente quiero desenterme de todo ese aparatejo que pones en aquí tan cerca y que no me pertenece. No se habla del amor: pienso un poco que esa es tu filosofía, que segrega a las palabras para darle lugar a los hechos que demuestran y hacen, como si hacer fuera lo único que pudieras lanzar hacia mí.
Gratitud: una vez creo haber comentado lo agradecida que me siento y si pudiera definir todo esto quizás todo sea más claro o más difuso. Me inclino por lo segundo y acudo a tus hechos hermosos, donde no hay palabras pero tampoco silencios.
Pero las palabras siempre me nacieron sin querer y aunque vos pienses que yo me callo, no lo hago y es increíble que puedas no entenderme cuando hablamos de lo mismo: esa sonrisa constante cuando nos miramos y en ocasiones entendemos eso.
No me basta hablarte desde las palabras pero el hecho es que aquí estamos y este es el lenguaje que me queda: desde la primera noche en que tomé tu mano sin conocer nada de vos, al poco tiempo de encontrarnos en San Telmo y empezar a reirnos. Yo estaba loca y de veras que no sé cómo suceden estas cosas, pero suceden. Viniendo desde un espacio desconocido, abriendonos la vida y demoliéndonos, así tan simple.
Entonces, esto. Entonces, gracias.
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