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9.27.2009

Rarezas

Fue una noche en Guarujá, después de haber llegado con una amiga, viajando en un ómnibus entre la lluvia y las montañas y abismos enormes de por ahí. Mi amiga dormía y yo trataba de capturar desde la ventana lo poco que podía verse, los pequeños pueblos, los niños caminando en medio del agua de lluvia imparable. Todo desde la burbuja del micro acondicionado, sin frío, sin idioma y sin pistas de cómo iba a ser Guarujá y la gente que nos esperaba allá.

Fue esa primera noche, después de dejar nuestros bolsitos mojados, cambiarnos un poco y haber dado una vuelta pequeña por el centro, mirando la oscuridad en donde caía en mar. Todo bastante misterioso y una con ganas de conocer, pero la lluvia.

Éramos 5 personas: no nos conocíamos bien, algunos hacía breves momentos, charlábamos de nuestros países en el departamento. Habían llevado películas pero el reproductor no quería andar y entonces se había encontrado más diálogo, la idea de cocinar fideos y, en todo caso, asistir a los programas de tv del momento. La televisión brasilera es muy graciosa, puro entretenimiento y estuvimos un rato refugiados en eso.

A todos nos unía un poco esa postura apocalíptica de crítica negativa sobre esta programación de la tele que se nos ofrecía, pero a la vez la mirábamos. Era un programa sobre personas que buscaban pareja, una cosa muy normal hoy en día, nada raro.

Al término empezó un corto. No sabíamos bien de qué se trataba pero ahí estábamos atrapados desde el misterio de no entender qué película era esa. Aunque habían propuesto salir a tomar algo, ahí estábamos todos en frente a un aparato, viendo algo desconocido, sin poder despegarnos.

Sentí un gusto especial por ese momento. La fascinación del cine nos atrapaba. Cuando terminó no entendíamos el argumento, ni siquiera supe el nombre. Pasaron a otro tema, otro programa. Pero todavía lo recuerdo: una mujer, una ruta y un hombre que se conocían y desconocían a medida que pasaba el viaje.

Después, cuando nos íbamos a dormir, la tormenta se desató con más presión. Presión en los vidrios que se movían como locos, el viento que armaba ruidos extraños, nosotros mismos que nos asustábamos sin razón. Se cortó la luz a los minutos, no sólo se cortó sino que hubo una explosión previa que nos hizo temer demasiado. Y luego, la oscuridad.

Todo fue extraño para mí, distinto. Pero ver. Ver así, desde otros lados, fue todo lo que abrió mis ojos entonces.