Cómo explicarlo. Supe que eras de momento feliz y me supe feliz esa noche mientras viajábamos en el taxi para cenar algo. Hacía frío y el frío siempre nos ha traído generosidades enormes.
Sólo esa memoria bella: vos sentado en el taxi charlando y yo acurrucada en el asiento, con mi cabeza en tus piernas y tus manos tocando mi cara y jugando con mi nariz. Ahí lo entendí bien: No es Buenos Aires. No es Avenida Corrientes, Santa Fe o todos los espacios que hicimos. No es el hacer una ciudad, es el ser. Somos nosotros.
(Dijiste: no me das bola. Pensé que tenías razón pero esa distracción era por una causa buena. Una lucidez de momento, de esas que no pueden restringirse.)
Somos nosotros cenando en La Madeleine, en diagonal, charlando con los mozos. Sos vos tirándome maníes a ver si embocamos alguna vez algo. Soy yo (tan típica) levantándome a darte un beso porque no te aguanto en la dulzura.
Somos nosotros. Cantando canciones antiquísimas, abrazándonos mientras nos helamos. Sumando recuerdos, acuerdos, palabras, silencios.
(Otra vez. Siendo así otra vez)
Así lo sé. Algo que no puedo explicarle a nadie porque no tengo ya palabras. Algo desde donde somos nosotros. Algo desde donde soy mi mejor lugar.

