Vida, mi vida, ¿qué has hecho de mi vida?
A.P.
A veces parece que cuando elegimos un arquitecto o un constructor lo elegimos así, de una forma inexplicable pero contundente o pragmática. Nos cuesta contener la posibilidad de que la construcción llegue a un destino y que el camino pueda ser hecho mediante otros planes.
Cambiar de constructores es un lío. Básicamente supone un nuevo entendimiento, nuevos proveedores y formas. Se me ocurre que sólo alguien puede hacer Buenos Aires. Se me ocurre que no tiene que ver conmigo o contigo, que hay algo en la combinación de nuestros ingredientes que me es difícil encontrar. Hay algo trascendente de todos los cuerpos. Hay algo.
Se cae Buenos Aires. Esos días entiendo que ninguna construcción ya es posible. Que hay un lugar que sólo puede ser ocupado por una persona que yo sé, que vos sabes y que todos sospechan saber pero entienden como sospechosa, mala. Inadecuada,para decirlo elegantemente.
Nadie sabe de nuestros homenajes. De las esquinas. Nadie tiene idea cuánto costó cada ladrillo, cada semáforo. A resumidas cuentas, cada paso. Hacer una ciudad como la que hicimos demandó tiempo. Mantenerla demandó esfuerzos terribles. Destruirla supone sensaciones impensadas.
A veces quiero olvidarlo todo. A veces quiero olvidarte todo y busco constructores nuevos. Quizás otra ciudad sea posible y lo mejor es que en algún tiempo y espacio, quizás haya esa ciudad nueva.
Pero ahora, todavía, nadie me ha dado una puerta, una muestra de arte, una llave que abra un mundo así. Un mundo que construya y al que haya que hacer.
Pero ahora somos nosotros. Y sólo alguien puede hacer conmigo esta ciudad. Esta esquina. Este mundo delicado e insolente que me llama y me da risa y me corroe.

