Pocas son las ganas de intentar dormir. Deslizada hacia otro mundo donde mi nombre quizás tenga el significado de mi nombre, haces nacer (y te culpo a tí, te lo debo) toda esta cantidad de hojas revoleadas en una cama sin sueño.
Quizás nunca lo leas y en poco tiempo seas otro recuerdo más cual sonreir con la complicidad de los no-olvidos dejados al viento.
No sé en cuanto se acabará esta lapicera pero presiento que poco.
Y aunque las expectativas esten demás y el futuro impredecible, siento esta necesidad de que el presente te cuente mi verdad.
Cuanto de vos, el que eras,en mí. Reconocido en el fondo del mar junto a otros tesoros que en su debido tiempo solo fui acumulando, que se juntan ahogados a buscar burbujas y un poco de aire. Y a veces algo y a veces, algo más.
No hay mejor forma de evocarte y aunque no lo creas, sí. Sí este agradecimiento, sí esta aceptación del camino y otras formas de afirmación que se enconden de a poco, o aparecen súbitamente.
Ya ves que las puertas se abren cuando el que golpea se ha retirado y nadie puede ganar nada ya. Pero desde este lugar te escribo con cierta negación al desapego, con una estela anacrónica de sentimientos sin pensamientos, con letras para tirar al aire y jugar con ellas.

