Explicar con palabras que aunque el tiempo, el olvido y el recuerdo, las lluvias del verano o el frío al lado del fuego, que aún todo eso y más no modifican los preludios dichos al viento, los oídos puestos a disposición de estas, que como tales tienen la posibilidad de traer y encontrarme de vez en cuando.
Intento recurrente de volcar y hacer un pozo que vaya más allá de los renglones o el papel.(Allá, con un dedo que no señala pero sabe que el dedo indica ahí)
Que viva más acá de la eternidad para prolongarse como una cinta infinita.
Encadenarme a la idea de que las vocales y los acentos habrán de perseguirme después de una puerta abierta y el viento. Aun cuando quiera escapar de ustedes (desde dónde y cuando ustedes) no podré ya con las voces, los intentos de la mente presente o ausente. No podré y estará bien que se materialicen deslizandose con el peligroso poder de lo dicho, de lo expuesto, de lo nacido.
Cargo ya con todas tantas (desde dónde y hasta cuando ustedes) a veces más reveladas, más contenidas. A veces desde el silecio infame que todo lo dice, desde las claves que solo sabemos nosotras.
Y ya las trato como si acabaran de amanecer de una noche incómoda, donde revolcadas intentan llegar al orden, a la tinta negra, al cara a cara.
Oh, dios mío tan mío, gracias.

