“Cada día escribis mejor, me haces quererte”, dice. Y entonces a mí me da esa sensacion primera y latente de contestarle, sin meditar, sin mediaciones más que las mismísimas palabras. De decirle que más que quererme por lo que digo debería entender lo que no digo.Algo así como quererme por mis silencios, por el misterio, por todo lo que nunca digo ni voy a decir. Porque todo lo que pueda expresar, en tantos idiomas y formas, en tantos momentos, días, direcciones, no va a alcanzarte nunca. No va a ser suficiente. No vas a quererme.No vas a alcanzarme, de la misma forma en que yo nunca voy a alcanzarte. No al menos por las palabras: traidoras, pequeñas, insuficientes.
Ellas no te van a hacer quererme. Te van a impulsar hacia mí, vas a querer agarrarme mediante ellas. Estrujarme. Comprenderme. Pero siempre (y siempre es siempre) vas a agarrar por unos atajos que no vienen a encontrarse con el significado. No habrá encuentro.
Yo no te quiero por lo que decis. Te quiero y te querré por otros canales: más simples y latentes. Te encontré desde el silencio, te descubrí desde el horror de la acción, te entierro desde el amor de algún mañana.
Entonces no hablemos. Que nuestros encuentros se den por otros medios. Si hay encuentros. Si hay medios. Si hay querer.

