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6.21.2010

Dejar

Por suerte dejé Buenos Aires un par de veces. A veces siento que las ciudades a una la dejan, se dejan, a una a la eligen, la prefieren o la descartan. Hay un proceso simultáneo de deseos, expectativas, afinidades recíprocas o no. Dejar a una ciudad es sólo una ausencia, un halo mágico de paralelismos más o menos sentidos. Es memoria/ olvido. Tristeza/ alegría. Es sensación o realidad. Pero suele ser algo.

Siempre me pareció interesante ver cómo los otros despiden a un lugar en su mundo: los aeropuertos, las estaciones de autobús, las rutas. Miro atentamente sus caras, los gestos, los cuerpos. Todo lo que dicen al alejarse. No sé nada de ellos pero trato de establecer un diálogo, una historia o una imaginación.

Esa vez que dejé a Buenos Aires no estaba sola. Alguien me dijo una vez que los aterrizajes cuestan y eso me quedó presente. Que la ida no es más que la vuelta y viceversa. Que una es viajera de sí misma.

Miles de cosas se dicen.Miles de cosas pasan. Todo el tiempo. Se producen transformaciones físicas y despegues de los otros. Sólo a veces estas cosas son perceptibles. Pero ocurren.

A mí me ocurren. Dejé un par de ciudades por ahí. Pero ellas nunca me dejaron. Es más, me eligieron y las elegí. Y eso, inevitablemente, me hace sonreír.