
Hoy encontré en un libro las palabras que otro me ha dicho. Me sonreí, ese tema de las presencias construidas, eregidas sobre nuestro propio cadáver y aún estamos vivos. No debíeramos darles lugar, pero somos imprudentes. Así cruzamos sin mirar, y no venía nadie, solo un cuerpo. Como dice Marguerite, a veces lo más peligroso suelen ser esos cuerpos. Muy.
Que yo piense en él, me ha desplazado del centro...¿del centro de la calle? No, de mi propio centro. Pero, tranquilo, fue sólo una estación o una vuelta de página,no recuerdo. Aquello no había sido suficiente para que le nombrase, para que lo recuerde y lo evoque. Pero lo hice, por revivirlo, quizás, para prevenirlo del olvido.
Me cuesta olvidar, más que nada,me cuesta dejar las cosas, y más a la gente. Pero como me cuesta, así lo hago. Algo de eso debe haber, de otra forma jamás haría lo que no se hace. Eso de cruzar la calle sin despedirse de aquella presencia.


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