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11.22.2009

Los que corren

Los que corren también se cansan. Pareciera en realidad que su ritmo no decae con facilidad porque todos los días a las mismas horas ellos se encuentran como en un rito secreto a dar las siempre mismas vueltas.

Los que corren tienen estilos diferentes. Algunos son más abstractos y sus movimientos fantasean con el aire. Otros marchan más al ras del cemento o parece que patean algo. Son más veloces, tienen distinto porte, respiran con un compás melódico o curvan sus brazos con fuerza.

En ocasiones, parece que su transpiración es un manantial que no se agota. Son jóvenes, novatos, tienen más o menos músculos. Los que corren entran en su mundo, un lugar de donde pocas veces salen.

¿Para qué corren? Siempre me pregunté sobre la verdadera intención de estas juntas que se producen. Uno atrás del otro, a veces se pasan entre ellos y confirman algo, una sensación. Lo veo en sus caras.   Hay miradas cómplices, de vez en cuando algún diálogo. Muy breve. Sólo quieren correr. Ir más rápido. Llegar. Terminar. Porque entrar en sus metas es ya una parte de satisfacción. Quieren ir hacia adelante, aunque sea con sus pies. Aunque sea así, por una hora o dos, bien hacia adelante. Solos y rápido.