No creo que la palabra "mundo" pueda ser la misma ya para mí, porque de golpe toma dimensiones más pequeñas y reales, ajustadas a las tantas posibilidades de conexión. Posibilidades que disfruto y en las que creo mucho más y que rondan en hechos y deseos.
Conocí en el avión a Lev. Y después de reirnos un rato, hablar en algunos idiomas y recomendarnos libros tantos él me dijo que, desde hacía tiempo, el mundo o, mejor dicho, su lugar en el mundo, ese lugar llamado Nueva York, ya no podía ser concebido como tal. Me lo dijo con cierta tristeza que entiendo ahora. Ya no podría encontrarse tanto, aferrarse a lo conocido, quedarse. Ya no iba a poder.
Entonces las palabras comenzaron a agrandarse y se achicarse. Algo detrás de todas las palabras. Algo ya siempre. Un mundo aquí y allá y como quiera que pueda pronunciarse.

