Pienso en un hombre. Un hombre parado junto a otro. Varios caminos juntos por sólo un segundo y entonces. Más allá de mañana, pienso, que quedará de esta huella cociendose en un colectivo andante. Qué quedará de un solo hombre. Aplastado,quizás, por la memoria. Sin huella. La huella borrada, la cara adentro de qué lugar que no vuelve. Enlazada a un recuerdo, volviendo en un gusto amargo, un perfume del hombre de todos los días. En qué hora del día volverá a vivir en mí ese hombre.
Va por la calle y esa calle comenzará mañana a envejecer -no hoy,no- con arrugas grietas, con insomnios gritos, soltando de su mapa las mismas manos que ahora dejas caer. La ciudad entera, sin zoom, sin nada, no prestará atención a una huella: la huella del hombre.
Veo su zapato desintegrándose a cada paso, enlodándose, mojándose. Un zapato solo al lado de la cama donde el hombre sos vos. Un camino, un zapato, un tiempo. Enumero y olvido al mismo tiempo.
¿Cómo?¿Cómo sucedió? ¿De qué forma voy a reclamarte yo al tiempo? ¿Con qué palabras voy a decir un nombre que olvido? Pienso en vos. En tu huella. Pienso en un hombre que quiero estirar por todas las épocas. Para que llegue hacia aquí, hacia este hombre que ahora, ya ves, se para junto a mí y pide mi silencio.

