4.12.2007
lectora
No ser tan intrincada para
contar las cuestiones del hombre.
Machacar a jirones
las fauces de las letras
Verter,
entrar en ellas
con el gusto de una
curva
abriéndose,
tan inquieta,
tan puente a cualquier
lugar
desde donde los ojos
miran a través
de otros lados,
muerden desde las sombras,
destruyendo tintas
que secan
los tiempos.

