Nos tiramos en los almohadones con todo el peso de nuestras historias. Caíamos del primer piso y en el fondo, ahí abajo donde nadie llega tanto -donde no llega más que una Ele y una Jota- confesábamos eso de querer volver a la ingenuidad, a la infancia de las muñecas y sus casas, a las burbujas placenteras que nos habían armado y aún nos arman. Pero la realidad: un poco cruel y lastimosa, breve y punzante, nos iba a romper de muchas de todas las formas.
Está bien. Desdramaticemos.
Eran y son demasiado simple para contar todos los enredos, las peripecias, las vueltas y contramarchas que hemos pasado. Pero,claro, vivirlas, sentirlas gravemente y sobrepasarlas con no tanto aire, es otra cosa.
Todo puede tener un orden y un sentido, la cuestión es encontrarlos y que todo sea digno de eso que suponemos.
Nos quieren el lodo y el mar juntos. A dónde caeremos.

