Llegara un momento en que las bufandas me devoren el cuello. En que los helados no se derritan más en la boca, ni en ninguno de todos los lados. En que haya nubes que sean de uno, y que lleven tu nombre – por decir algo- y uno descubra una tarde de té con amigas distintas cada dia. Una clave de alguna canción que te hacen cantar como el viento, y una vuele literalmente. Como Mary Poppins Que la tristeza del mundo se evapore como un perfume, y mis cielos sean de sol nuevamente, que sean de infancias cíclicas, aunque anacrónicas. Llegará también el tren perfecto, un libro, un señalador, varias hojas y unos ojos que lean lo que dice y lo que no dice, nunca dice. Cuando ya todo no cumpla ninguna función, ni haya más letras que el mundo no pueda escribir, ni pensamiento, ni under the bridge ni life goes easy on me . “Una risa se te esta escondiendo en el rostro, y otra en tus manos”, te dirán, y realmente sea así. Y después vuelvas a hamacarte con aquel chico loco, inolvidable y se queden mirando la cupula de Belgrano y Perú por media hora, sin nada que decir.
¿Alguna vez? ¿Alguna de todas las veces nacerá el mundo? Estas loca, estas loca, me dirás cuando deje de escribir todo aquello que te recuerda el día que cruzaste la calle y estabas pensando: “Esto es una virtud, y vos tenes 18 años, y no podes no pensar en esto, y tampoco podrias estar pensándolo”. Y en el aire oirás la respuesta: Yo no pienso nada, y por eso pienso todo.
5.23.2006
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